AGUJERO NEGRO
Mercados huaralinos no quieren emerger, carecen de espíritu emprendedor
Por: Arturo Moreno Carrera
Email:: imagencorp2011@hotmail.com
Han pasado un par
de semanas y algo más de la aparición en Huaral de un supermercado que forma
parte de una cadena y la verdad es que las expectativas comerciales se
quedaron un poco frustradas. “No pasa nada”, sería la frase juvenil que envuelva un comentario
panorámico sobre las acciones y consecuencias de dicha presencia en nuestra
ciudad. Pero sobre todo, por la influencia o reacción que debería o podría
causar en los mercados locales. Pueden, entonces, los comerciantes de la ciudad
respirar tranquilos, porque el asunto no reviste mayor competencia. Aunque en
verdad, para los mercaderes huaralinos, el problema no es lo nuevo, sino que ellos no quieren emerger del barro y el atraso marquetero.
En una columna anterior dije que esos
nuevos servicios en Huaral “no significarán –per se– la desaparición del
Modelo, el Mazú, el Rosario u otros”. Y mencioné que, por el contrario, son estímulospara
que nuestros vendedores mejoren sus condiciones y no pierdan su clientela.Pues
bien, a la luz de los hechos, aún no surge un enemigo poderoso. Aplausos para la inversión porque
significa ampliación del abanico comercial.
Y por la evolución del empleo en nuestra ciudad y para los comprovincianos.
Pero (he aquí mi base para esta
columna)no ha sido reactivo en
la sensibilidad del comercio local.
A los ocupantes del Modelo, y los demás establecimientos, ni les pica ni les
arde.Pensé, y me equivoqué, que el acicate provocaría reformas. Simplemente
cero.
Entendiendo, psicológicamente, las
transacciones mercantiles: no hay comparación entre un supermarket, un
hipermarket, un “retail” o los homecenters, tiendas por departamentos, centros comerciales,
con un centro de abastos de barrio. En este grupo el negocio es frío.
El cliente llega, coge un “carrito”, se pasea por las diversas zonas de
anaqueles y escoge los productos que comprará. Incluso pesa lo que adquiere a
granel y luego acude a las cajas de pago para abonar luego que le extiendan el
voucher con la cuenta.
En cambio, en el “mercadito” hay
corazón. Se encuentran la casera y los caseritos. Dialogan. Las pregunta por el
producto, la calidad, el precio, surgen de un lado. Las respuestas del otro
tienen vivencia. Hasta rebajita o yapa se puede solicitar. Inclusive, si hay
emergencia, hasta un fiado se puede pactar. Si comprador y vendedor tienen
amistad hasta comparten algún “chismecito” o comentario amical. Y las despedidas son lazos que cada
vez se sujetan al placer de la amistad.
Si esa natural vivenciaexiste y es
imborrable, inderogable por ninguna circunstancia ¿por qué nuestros vendedores
no mejoran las condiciones de sus puestos de trabajo y adoptan los mecanismos
innovadores para la venta? ¿Por qué no imponen orden, limpieza y seguridad en
los establecimientos?Los nuestros son –me decía una matrona
de experiencia en esos menesteres– mercados sin ton ni son.
Me da pena observar que, realmente, no quieren emerger del barro y el
atraso marquetero. Por ejemplo el Modelo,
lugar al que voy especialmente cada domingo a las 8 después de la misa, sigue
sumido en el caos y la suciedad. Los mercados de barrio sobreviven y triunfan
ante la competitividad con coraje, con visión. Allí están, y los cito como muestra
porque los conocí de cerca, el Modelo N° 2 de Surquillo o el San José de Jesús
María, donde se impuso el ordenamiento limeño iniciado por Alberto Andrade, y
donde sus posesionarios optaron por ser, en conjunto, un mejor centro de
abastos sin perder sus latidos.
Por fin de año la comuna huaralina
trató de evitar la aglomeración de ambulantes en las calles aledañas del
“modelo”. ¿Saben qué hicieron los dirigentes del citado? Les dieron cabida en
los pasadizos del interior. Convirtieron a su local en un pandemonio, era imposible caminar y menos hacer las compras con tranquilidad y
seguridad. Todo por obtener algunos recursos monetarios. El vil metal n o
hubiera servido para nada si se originaba una tragedia. Dios es grande y es
huaralino. No quiso que surja el dolor por culpa de algunos necios.
¿Qué lograron? ¿Vender más? No lo creo. Yo salí corriendo y busqué otro
punto. Era desagradable estar allí. ¿Favoreció en algo a sus asociados? No lo
creo. Una idea nada más: para ayudar a sus colegas hubieran aceptado
ambulantes, pero en la zona sur, donde hay decenas de puestos vacíos, donde hay
una explanada vacía. Eso sí habría ayudado a los vendedores de esa parte, que
actualmente son los menos respaldados. No habrían convulsionado la zona norte y
centro y pudieron –seguramente– crecer las ventas. Ideas, señores “dirigentes”.
Cambien sus mentalidades. Traten
de aprovechar las ventajas que tienen. Caso
contrario, hoy no tal vezmañana tampoco, pero si un poco
más adelante, su mercado puede terminar ahogado en el fango y el caos.
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