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Señor de los Milagros ¡salva a Huaral de tantos inútiles!

Written By Unknown on miércoles, 24 de octubre de 2012 | 23:45

















AGUJERO NEGRO

Señor de los Milagros ¡salva a Huaral de tantos inútiles!  

Por: Arturo Moreno Carrera


En pocos días más Huaral conmemorará el 122 aniversario de su elevación a rango de distrito en el mapa político del Perú. No se si pueda denominarse celebración a los deslucidos y escasos actos del programa festivo. Más allá de aquello, que es una anécdota más, lo que preocupa es el acontecer cotidiano y su camino -¿limpio o pedregoso?– hacia el desarrollo como ciudad. Para que ofrezca una buena calidad de vida a sus moradores y se constituya en un blanco apetecible para inversiones internas y externas. De modo que la generación de riqueza, desafío natural del hombre en su vida terrenal, encuentre oportunidades viables, seguras, confiables y rentables.

En el plano local, entiéndase municipal, el actual no es un gobierno ecuánime ni sensato. Hoy (viernes 19 de octubre) mientras el Señor de los Milagros recorre las calles ante cientos rezando para que sus vidas cambien, sanen y mejoren o simplemente para que su buena suerte aparezca como milagro, hemos sido testigos de dos hechos que lo pinta entero. En primer término una sesión del concejo municipal para debatir una revancha soterrada bajo la legal petición de suspensión de funciones a un regidor. Segundo caso: inmediatamente después, en sesión de “emergencia”, la eliminación de dos normas que el propio colegiado había aprobado para “beneficio” de los huaralinos. ¿Por qué?

Si bien es cierto que el primer asunto representa un derecho, es discutible su presentación sin argumentos sólidos, sin bases categóricas. Lo raro es que fue desplegado por un ciudadano notorio por su anti uribismo y en momentos en que el objetivo (defensor de Uribe) podría asumir la alcaldía si el JNE confirma la vacancia del actual inquilino del sillón de Luis Colán. También aumenta la suspicacia el apoyo legal ofrecido por un abogado allegado al burgomaestre. Sin embargo, la marquesina del teatrín se les vino abajo y el disimulo ante el bochorno llegó vía sus votos de rechazo al pedido. Prácticamente un harakiri cholo.

Aunque ese punto no sea de directa perturbación para los vecinos, si lo es el segundo porque se supone que la municipalidad es una institución del estado facultada para ejercer el gobierno de un distrito o provincia, promoviendo la satisfacción de las necesidades de la población y el desarrollo de su ámbito, pero la actual administración está actuando peor que una cantinflada. ¿Qué pasó? Simplemente que un regidor planteó realizar una “sesión de emergencia” para eliminar una ordenanza que se había aprobado para amnistía tributaria, pero “contenía graves errores”.  Faltaba su publicación para su entrada en vigor.

Ni se discutió. Simplemente se argumentó lo señalado y luego se votó. Resultado: unánime. Todos de acuerdo. Al toque sacaron a luz que otra ordenanza también tenía “graves errores”. Es la 08-2012 que pretendía ordenar la presencia de ambulantes en el centro de la ciudad. Fue aprobada en meses pasados y publicada en El Peruano el 28 de setiembre del presente año. Es decir, estaba en plena vigencia. Pero, ayer, simplemente se dictaminó su lanzamiento al tacho con el voto u-ná-ni-me.

Estos temas escandalosos que la población poco conoce significan una demostración de inoperancia, de gasto inútil de los recursos municipales, de pérdida de tiempo, de perjuicio y de desidia. Obviamente, dicen los concejales que esas normas “asesinadas” serán modificadas, mejoradas y promulgadas en un corto plazo de tiempo. ¿Quién lo garantiza? Nadie. A cada rato hay acusaciones de errores en los textos y de cambios realizados por “duendes”. A cada momento se publican las famosas “fe de erratas”. Es increible.

Lo peor de todo es que en esta administración nadie es culpable de nada. O mejor dicho, no hay funcionario ni trabajador responsable por esos “graves errores”.  Tampoco hay fiscalización. Los regidores de Huaral culpan a los funcionarios. El alcalde los defiende a capa y espada. No muestra sensatez. Su pregonada transparencia no existe en ese campo. Los funcionarios se ríen de la autoridad. Y por si fuera poco, la OCI (Oficina de Control Interno) está pintada y sus representantes deben estar resfriados o tienen la nariz tapada porque no les llega el olor a podredumbre. ¿Y ahora, quién podrá salvar a Huaral?
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