AGUJERO NEGRO
Señor de los Milagros ¡salva a Huaral de tantos inútiles!
Por: Arturo Moreno Carrera
Email:: imagencorp2011@hotmail.com
En pocos días más Huaral conmemorará
el 122 aniversario de su elevación a rango de distrito en el mapa político del
Perú. No se si pueda denominarse celebración a los deslucidos y escasos actos
del programa festivo. Más allá de aquello, que es una anécdota más, lo que preocupa es el acontecer cotidiano
y su camino -¿limpio o pedregoso?– hacia el desarrollo como ciudad. Para que ofrezca una buena calidad de vida a sus moradores y se
constituya en un blanco apetecible para inversiones internas y externas. De
modo que la generación de riqueza, desafío natural del hombre en su vida
terrenal, encuentre oportunidades viables, seguras, confiables y rentables.
En el plano local, entiéndase
municipal, el actual no es un gobierno ecuánime ni sensato. Hoy (viernes 19 de
octubre) mientras el Señor de los Milagros recorre las calles ante cientos
rezando para que sus vidas cambien, sanen y mejoren o simplemente para que su
buena suerte aparezca como milagro, hemos sido testigos de dos hechos que lo
pinta entero. En primer término una sesión del concejo municipal para debatir
una revancha soterrada bajo la legal petición de suspensión de funciones a un
regidor. Segundo caso: inmediatamente después, en sesión de “emergencia”, la eliminación de dos normas que
el propio colegiado había aprobado para
“beneficio” de los huaralinos. ¿Por qué?
Si bien es cierto que el primer asunto
representa un derecho, es discutible su presentación sin argumentos sólidos,
sin bases categóricas. Lo raro es que fue desplegado por un ciudadano notorio
por su anti uribismo y en momentos en que el objetivo (defensor de Uribe) podría asumir la alcaldía si el JNE
confirma la vacancia del actual inquilino
del sillón de Luis Colán. También aumenta la suspicacia el apoyo legal ofrecido
por un abogado allegado al burgomaestre. Sin embargo, la marquesina del teatrín
se les vino abajo y el disimulo ante el bochorno llegó vía sus votos de rechazo
al pedido. Prácticamente un harakiri cholo.
Aunque ese punto
no sea de directa perturbación para los vecinos, si lo es el segundo porque se
supone que la municipalidad es una institución del estado facultada para
ejercer el gobierno de un distrito o provincia, promoviendo la satisfacción de
las necesidades de la población y el desarrollo de su ámbito, pero la actual administración está actuando
peor que una cantinflada. ¿Qué pasó? Simplemente
que un regidor planteó realizar una “sesión de emergencia” para eliminar una
ordenanza que se había aprobado para amnistía tributaria, pero “contenía graves
errores”. Faltaba su publicación para su
entrada en vigor.
Ni se discutió.
Simplemente se argumentó lo señalado y luego se votó. Resultado: unánime. Todos
de acuerdo. Al toque sacaron a luz que otra ordenanza también tenía “graves
errores”. Es la 08-2012 que pretendía ordenar la presencia de ambulantes en el
centro de la ciudad. Fue aprobada en meses pasados y publicada en El Peruano el
28 de setiembre del presente año. Es decir, estaba en plena vigencia. Pero, ayer, simplemente se dictaminó
su lanzamiento al tacho con el voto u-ná-ni-me.
Estos temas
escandalosos que la población poco conoce significan una demostración de
inoperancia, de gasto inútil de los recursos municipales, de pérdida de tiempo,
de perjuicio y de desidia. Obviamente, dicen los concejales que esas normas
“asesinadas” serán modificadas, mejoradas y promulgadas en un corto plazo de
tiempo. ¿Quién lo garantiza? Nadie. A cada rato hay acusaciones de errores en
los textos y de cambios realizados por “duendes”. A cada momento se publican las famosas “fe de erratas”. Es
increible.
Lo peor de todo
es que en esta administración nadie es culpable de nada. O mejor dicho, no hay
funcionario ni trabajador responsable por esos “graves errores”. Tampoco hay fiscalización. Los regidores de
Huaral culpan a los funcionarios. El alcalde los defiende a capa y espada. No
muestra sensatez. Su pregonada transparencia no existe en ese campo. Los
funcionarios se ríen de la autoridad. Y por si fuera poco, la OCI (Oficina de
Control Interno) está pintada y sus representantes deben estar resfriados o
tienen la nariz tapada porque no les llega el olor a podredumbre. ¿Y ahora, quién podrá salvar a Huaral?
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