Plaza de Armas de Huaral |
Huaral, junio 7 de 2012.- Esta mañana se desarrolló en la Plaza de Armas de Huaral una pomposa ceremonia para conmemorar el centésimo trigésimo segundo aniversario de la infausta Batalla de Arica, donde el Coronel Francisco Bolognesi, el Coronel Alfonso Ugarte y muchos otros hombres corajudos, supieron luchar verdaderamente hasta “quemar el último cartucho” en defensa de nuestra Patria ante los enemigos chilenos.
Se conmemora en este día esa gesta
heroica y se recuerda también aquella inmensa respuesta de Bolognesi al enemigo
cuando el 5 de junio intentó que se rinda y entregue la plaza. Por eso es el día de la Jura de la Bandera, no
es el día de la bandera. Y se estableció por
norma, desde 1905, que los militares reiteren la promesa cada año ante la efigie de Bolognesi. La extensión a la civilidad llegó por convicción, por
costumbre, y por ardor popular desde hace unos 30 años o algo más. Desde entonces,
en cada rincón del Perú, las plazas se embellecen y los pueblos hacen rebrotar
en su pecho el rojo y blanco de nuestra bandera. Con amor. Como sucedió en
Huaral hoy. Aunque en verdad debo decir que nuestra plaza no lucía bella.
Nuestra plaza de armas estaba
descuidada. No estaba a la altura del rito que, seguramente con buenas
intenciones, se programó.
Personalmente, sufrí gran desazón
cuando esta mañana, a eso de las siete, veía instalar el estrado rojiblanco,
los parlantes. Y cuando una hora más tarde comenzaron a llegar las delegaciones escolares, bien
uniformadas, con ánimos y su incomparable alegría.
Es que en medio del lugar que se aprestaba a retumbar con los discursos, estaba
un trabajador, un solitario trabajador, P-O-D-A-N-D-O E-L P-A-S-T-O
C-O-N U-N-A T-I-J-E-R-A.
Los jardines lucían como una pequeña selva, con la hierba enorme.
Le pregunté al obrero por qué estaba
trabajando así, en esas condiciones, como en los tiempos de la carreta. Se, y con experiencia propia porque dirigí ese valioso grupo humano de
obreros de la comuna huaralina, que habían máquinas de podar. Podadoras de
varios tipos. “Están malogradas” fue la respuesta lacónica, que me causó tremenda
congoja e irritación. Es increíble, pero en nuestra ciudad la limpieza pública
y el mantenimiento de los parques y jardines son asuntos tan inexistentes, tan
pobres, que hasta vergüenza da.
Lo peor de todo, hay que tener en
cuenta que los vecinos pagamos por cada asistencia que la municipalidad se
supone nos presta. Se denomina arbitrios. Y debe entenderse que en este asunto
existe concomitancia entre pago y servicio. Es decir, si me atienden yo debo pagar; si no me atienden no
tengo por qué pagar.
El tribunal Constitucional precisó,
hace algún tiempo, que los arbitrios deben cubrir el costo de los servicios municipales. Expliquemos: cada segundo semestre de año, la administración edil –a
través de sus órganos– planifica, concibe y prepara un proyecto de norma que
luego el concejo aprueba y lo convierte en ordenanza antes de fin de año para
que se cobre a los administrados en el periodo siguiente. Es decir, a usted, a
él, a ella, a todos los que tienen propiedades. En arbitrios hay tres rubros
que la MPH nos cobra: serenazgo, parques y jardines, y limpieza pública. A la
vez, en esta última hay dos secciones: recojo de residuos sólidos y barrido de
calles.
Por lo tanto, la municipalidad demanda
un pago anual que puede ser divido en doce cuotas mensuales o tres
cuatrimestrales. Eso es lo de menos. A lo que voy es que cobra
por cada mes, pero la atención al administrado no es contrapuesta. El barrido
en la calles es deficiente en la mayoría de vías programadas y en algunas no se
realiza. El recojo de RRSS
peor. Hay días que se recolecta, hay días que no, pero en el recibo dice que la
frecuencia es diaria. El serenazgo es tema
controvertido. Está para un análisis aparte. Sólo diré que la inseguridad es
advertida por grandes y chicos ante una delincuencia que sigue campeando
impunemente.
Pero lo que me llevó a escribir esta
columna fue la desesperanza al saber que nuestras áreas verdes tampoco gozan de
la preservación y el cuidado necesarios. Ni siquiera el centro mismo de la
ciudad: la Plaza de Armas. Lo peor de todo es que el arbitrio de mantenimiento
de parques y jardines nos lo van a cobrar como si el servicio fuera excelente.
Mientras que otros pueblos surgen y enarbolan banderas de emprendimiento y
calidad, aquí en Huaral seguimos luchando contra la desidia, la indolencia, el
desinterés, el abandono, la desatención. Aunque estas palabras suenen distintas
y parezcan de significado diferente, todas coinciden en que son aplicables a un
gobierno local que incumple sus obligaciones. ¡Hay si Bolognesi viviera! Seguro que rechazaba la ceremonia
de esta mañana.
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